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En el pasaje bíblico de 1 Corintios 13:11, el apóstol Pablo nos insta a dejar atrás las cosas infantiles. Esta frase ha sido objeto de mucha reflexión y análisis a lo largo de los siglos, y hoy nos sumergiremos en su contexto bíblico, su significado según la enseñanza de Pablo, la relación entre el crecimiento espiritual y el abandono de las formas infantiles, la importancia de los dones espirituales y el amor en el proceso de madurez, las posibles interpretaciones en relación a la revelación y el plan de Dios, y finalmente, cómo podemos aplicar esta enseñanza en nuestras vidas. Sin más preámbulo, exploremos juntos el profundo significado detrás de estas palabras de sabiduría.
Contexto bíblico de la frase de Pablo en 1 Corintios 13:11
Para comprender plenamente lo que Pablo quiere transmitir con su afirmación de dejar atrás las cosas infantiles, es necesario contextualizar esta declaración dentro del contexto más amplio de su carta a los corintios. En esta epístola, Pablo aborda una serie de problemas y divisiones que estaban surgiendo en la iglesia de Corinto, incluyendo rivalidades entre los miembros y confusiones sobre el ejercicio de los dones espirituales. Estos desafíos amenazaban la unidad y la madurez espiritual de la comunidad cristiana en Corinto.
En el capítulo 13, Pablo se centra en la importancia del amor como el factor unificador y esencial en la vida cristiana. Nos dice que aunque tengamos dones espirituales impresionantes, si no tenemos amor, somos como «metal que resuena o címbalo que retiñe». Es en este contexto que Pablo pronuncia la famosa frase de dejar atrás las cosas infantiles, como una exhortación a madurar en el amor y abandonar cualquier actitud egoísta o inmadura que pueda obstaculizar nuestra relación con Dios y con los demás.
Significado de dejar atrás las cosas infantiles según la enseñanza de Pablo
Cuando Pablo nos insta a dejar atrás las cosas infantiles, no está diciendo que debemos dejar de lado nuestra capacidad de asombro o nuestra inocencia, sino que debemos crecer y madurar en nuestra fe y en nuestras relaciones con los demás. En el contexto de la carta a los corintios, Pablo está llamando a la iglesia a abandonar las divisiones y rivalidades infantiles, así como cualquier actitud egoísta o inmadura que pueda estar enturbiando su unidad.
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Pablo nos invita a dejar de lado el egocentrismo y el afán de protagonismo, y a centrarnos en el amor como el motor y la guía de nuestras acciones. Dejar atrás las cosas infantiles implica renunciar a nuestro propio interés y buscar el bienestar y el crecimiento espiritual de los demás. Significa librarnos de la rivalidad y la envidia, y en su lugar cultivar una actitud de humildad, compasión y servicio hacia los demás.
Relación entre el crecimiento espiritual y el abandono de las formas infantiles
El crecimiento espiritual va de la mano con el abandono de las formas infantiles, ya que implica un proceso de transformación interna y de desarrollo de virtudes y actitudes más maduras. Como cristianos, no podemos quedarnos estancados en una fe infantil, sino que debemos avanzar hacia una relación más profunda y madura con Dios.
Al dejar atrás las cosas infantiles, nos abrimos a recibir la enseñanza del Espíritu Santo y a ser transformados por su obra en nosotros. Esto implica un desapego de nuestro ego y nuestras propias ideas, y una apertura a la voluntad y el plan de Dios para nuestra vida. A medida que crecemos espiritualmente, adquirimos una mayor comprensión de las verdades espirituales y desarrollamos una actitud de confianza y entrega total a Dios.
El abandono de las formas infantiles implica renunciar a nuestra necesidad de controlar y tener todas las respuestas, y en su lugar confiar en la sabiduría y el cuidado de Dios. A medida que crecemos en nuestra fe, aprendemos a depender menos de nosotros mismos y más de la gracia y el poder de Dios. Nos volvemos más conscientes de nuestras propias limitaciones y dependemos más de la guía y la dirección del Espíritu Santo en nuestras vidas.
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Importancia de los dones espirituales y el amor en el proceso de madurez
En el mismo pasaje de 1 Corintios 13:11, Pablo también nos habla de la importancia de los dones espirituales y el amor en el proceso de madurez espiritual. Los dones espirituales son habilidades y capacidades que Dios nos otorga para servir a los demás y edificar el cuerpo de Cristo. Sin embargo, como nos enseña Pablo, estos dones carecen de valor si no son ejercidos con amor.
El amor es el vínculo perfecto que une todos los dones espirituales, y es a través del amor que los dones encuentran su verdadero propósito y poder. El amor nos impulsa a usar nuestros dones en servicio a los demás, y nos ayuda a cultivar una actitud de humildad y sacrificio.
En el proceso de madurez espiritual, es fundamental que cultivemos el amor en todas nuestras acciones y relaciones. A medida que dejamos atrás las cosas infantiles, aprendemos a amar de manera más desinteresada y genuina. El amor nos lleva a dejar de lado nuestras propias agendas y a buscar el bienestar y la edificación de los demás.
Posibles interpretaciones de dejar atrás las cosas infantiles en relación a la revelación y el plan de Dios
Además de su aplicación en el contexto de las relaciones interpersonales y la madurez espiritual, la frase «dejar atrás las cosas infantiles» también puede tener una dimensión más amplia en relación a la revelación y el plan de Dios para sus hijos.
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En el momento en que fue escrito, los corintios tenían solo una parte de la revelación de Dios y su conocimiento estaba incompleto. Pablo les está diciendo que a medida que avancen en su fe y crezcan en su relación con Dios, dejarán atrás lo parcial y tendrán un conocimiento más completo y profundo de las verdades espirituales. En otras palabras, a medida que crecen espiritualmente, dejarán de lado las concepciones limitadas de Dios y se abrirán a una visión más completa y madura de su carácter y su plan.
En términos del plan de Dios para sus hijos en la eternidad, dejar atrás las cosas infantiles puede referirse a dejar atrás todas las limitaciones y carencias propias de nuestra naturaleza caída, y abrazar plenamente la plenitud y la perfección que Dios tiene reservada para nosotros. En la eternidad, ya no seremos niños espirituales, sino que seremos conformados a la imagen de Cristo y seremos partícipes de la gloria y el gozo eterno en su presencia. Dejar atrás las cosas infantiles implica renunciar a nuestro estado actual de imperfección y crecer en la plenitud de la vida y la comunión con Dios.
Reflexiones sobre la aplicación práctica de esta enseñanza en nuestras vidas
Ahora que hemos explorado el contexto y el significado de la frase de Pablo de dejar atrás las cosas infantiles, es importante reflexionar sobre cómo podemos aplicar esta enseñanza en nuestras vidas cotidianas.
En primer lugar, debemos cultivar una actitud de humildad y apertura a la enseñanza del Espíritu Santo. Esto implica reconocer nuestras propias limitaciones y depende más de la guía y dirección de Dios en nuestra vida. No debemos confiar en nuestra propia sabiduría o capacidades, sino que debemos someternos a la obra transformadora del Espíritu Santo y permitir que él nos guíe hacia una mayor madurez espiritual.
En segundo lugar, debemos cultivar el amor como el motor principal de todas nuestras acciones y relaciones. El amor nos impulsa a buscar el bienestar y el crecimiento de los demás, y nos ayuda a dejar de lado el egoísmo y la rivalidad. Dejar atrás las cosas infantiles implica renunciar a nuestras propias agendas y priorizar el amor en todo lo que hacemos.
En tercer lugar, debemos buscar el crecimiento en nuestra fe a través del estudio y la meditación en la Palabra de Dios. La Biblia es nuestra guía y brújula en el camino de la madurez espiritual. A medida que nos sumergimos en las verdades y enseñanzas de las Escrituras, podemos crecer en nuestro conocimiento y comprensión de Dios, y dejar atrás las concepciones limitadas e infantiles.
Finalmente, debemos buscar el crecimiento en comunidad, rodeándonos de otros creyentes maduros que nos animen y desafíen en nuestro caminar con Dios. La comunidad de fe puede ser un lugar de aprendizaje y crecimiento mutuo, donde podemos apoyarnos y alentarnos en nuestro proceso de dejar atrás las cosas infantiles y crecer en nuestra fe.
Conclusiones finales sobre la importancia de dejar atrás las cosas infantiles para crecer en nuestra fe
La frase de Pablo de dejar atrás las cosas infantiles es una invitación a crecer y madurar en nuestra fe y en nuestras relaciones con Dios y con los demás. Nos insta a abandonar las actitudes egoístas y las rivalidades infantiles, y a cultivar el amor como el motor y la guía de nuestras acciones.
El crecimiento espiritual implica dejar atrás nuestras concepciones limitadas y erróneas de Dios, y abrirnos a una visión más completa y madura de su carácter y su plan. Al mismo tiempo, implica renunciar a nuestras propias agendas y priorizar el amor en todas nuestras acciones y relaciones.
Dejar atrás las cosas infantiles puede ser un desafío, pero es un paso esencial en el camino hacia la madurez espiritual y la plenitud de vida que Dios tiene reservada para nosotros. Al buscar el crecimiento en humildad, amor y estudio de la Palabra de Dios, podemos abandonar las formas infantiles y crecer en nuestra fe de una manera significativa y transformadora.
En definitiva, es tiempo de poner de lado las cosas infantiles y abrazar una fe madura y profunda que nos permita vivir en plenitud el plan de Dios para nuestras vidas. Que podamos ser conscientes de nuestra necesidad de crecimiento espiritual y de abandonar cualquier actitud egoísta o inmadura que nos impida experimentar el amor y la plenitud que Dios tiene preparados para nosotros. Que esta enseñanza nos desafíe y nos anime a buscar una relación más profunda y significativa con nuestro Creador, y a vivir en plenitud la vida abundante que él ha prometido.