¿Qué significa que el cielo y la tierra pasarán?

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El concepto de que el cielo y la tierra pasarán ha sido objeto de debate y reflexión a lo largo de la historia. En las enseñanzas de Jesús, encontramos referencias explícitas a la transitoriedad de este mundo y a la promesa de una nueva creación. En este artículo, exploraremos en profundidad qué significa que el cielo y la tierra pasarán y qué implicaciones tiene para nosotros como creyentes. También examinaremos las palabras de Jesús que nunca pasarán y cómo debemos priorizar las cosas del cielo en lugar de aferrarnos a los valores y deseos terrenales efímeros.

La promesa de un mundo nuevo

¿Qué significa que el cielo y la tierra pasarán?

Cuando hablamos de que el cielo y la tierra pasarán, nos referimos a la idea de que este mundo tal como lo conocemos no durará para siempre. En el libro de Mateo, Jesús dijo: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Mateo 24:35). Esta declaración de Jesús nos enseña que hay una temporalidad en el mundo físico en el que vivimos. Todo lo que vemos a nuestro alrededor, incluidos los elementos celestiales y terrenales, eventualmente llegará a su fin.

Sin embargo, es importante destacar que esto no significa que el mundo será destruido por completo. En lugar de eso, la idea es que el mundo experimentará una transformación radical, dando paso a un nuevo cielo y una nueva tierra en el estado eterno. Es una visión esperanzadora que nos invita a contemplar un futuro glorioso y lleno de promesas.

Las palabras de Jesús que nunca pasarán

En medio de la idea de que el cielo y la tierra pasarán, Jesús nos asegura que sus palabras nunca pasarán. Esto significa que las enseñanzas y promesas de Jesús tienen una durabilidad y una relevancia eterna. A diferencia de las cosas terrenales, que son pasajeras y efímeras, las palabras de Jesús son duraderas y fundamentales para nuestra vida espiritual.

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Cuando Jesús afirma que sus palabras nunca pasarán, nos está invitando a confiar plenamente en Él y en su mensaje de salvación. Esto implica que debemos construir nuestras vidas y nuestras esperanzas en las enseñanzas de Jesús y no en las cosas del mundo que eventualmente desaparecerán. Tenemos la certeza de que, aunque todo lo demás pueda pasar, las palabras de Jesús permanecerán firmes y nos guiarán en nuestro camino hacia la vida eterna.

El nuevo cielo y la nueva tierra en el estado eterno

La destrucción del mundo por el fuego

Una de las profecías bíblicas relacionadas con el fin del mundo es la idea de que el mundo será destruido por el fuego. En el libro de 2 Pedro, se nos dice: «Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en aquel día los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con intenso calor, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas» (2 Pedro 3:10).

Esta imagen apocalíptica nos habla de una realidad en la que todo lo que conocemos será purificado y transformado a través del fuego. No se trata de una destrucción total, sino de un proceso de purificación y renovación en el que los elementos corruptibles de este mundo serán consumidos y darán paso a un nuevo cielo y una nueva tierra.

La promesa de que la salvación perdurará

A pesar de la destrucción que el fuego traerá sobre este mundo, las Escrituras nos aseguran que la salvación perdurará. En 2 Pedro 3:13 encontramos la esperanza de un nuevo cielo y una nueva tierra en los que habita la justicia. Esta promesa nos recuerda que, a pesar de los desafíos y dificultades que enfrentamos en este mundo, el plan eterno de Dios para nosotros no puede ser alterado.

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La salvación que Dios ofrece a través de Jesucristo es eterna y no está sujeta a la temporalidad de este mundo. Es un regalo que perdurará más allá de la destrucción y nos brinda la esperanza de una vida en comunión con Dios en el nuevo cielo y la nueva tierra. En medio de la incertidumbre y la transitoriedad de este mundo, podemos encontrar consuelo y seguridad en la promesa de salvación eterna que Dios nos ofrece.

Priorizando las cosas del cielo en lugar del mundo terrenal

Este mundo no es nuestro hogar

Una de las lecciones más importantes que podemos aprender al reflexionar sobre la idea de que el cielo y la tierra pasarán es que este mundo no es nuestro hogar. A menudo nos dejamos llevar por las preocupaciones y deseos terrenales, olvidando que nuestra verdadera patria está en el cielo.

En Filipenses 3:20, el apóstol Pablo nos exhorta a vivir de acuerdo con nuestra ciudadanía celestial: «Pero nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo». Esta llamada nos desafía a fijar nuestra mirada en las cosas del cielo y a dejar de aferrarnos a las cosas pasajeras de este mundo.

Al priorizar las cosas del cielo, nos liberamos de la esclavitud de las preocupaciones terrenales y encontramos nuestra identidad y propósito en la relación con Dios. En lugar de buscar la satisfacción en las posesiones materiales o en el reconocimiento humano, invertimos nuestro tiempo y energía en desarrollar un amor más profundo por Dios y por nuestros semejantes.

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Recordando que este mundo no es nuestro hogar

Es fácil dejarse llevar por las distracciones y las preocupaciones de este mundo, pero debemos recordar constantemente que este mundo no es nuestro hogar. Como creyentes, estamos llamados a ser peregrinos en este mundo, sabiendo que nuestra verdadera morada está en el cielo.

En Hebreos 11:13-16, se nos habla de hombres y mujeres de fe que vivieron como extranjeros y forasteros en la tierra, buscando una ciudad mejor, es decir, la ciudad celestial. Esta perspectiva nos insta a vivir de una manera que refleje nuestro estatus como ciudadanos del cielo y a no aferrarnos a las cosas terrenales que eventualmente pasarán.

Al reconocer que este mundo no es nuestro hogar, podemos vivir con una mentalidad eterna y un enfoque en las cosas que realmente importan. En lugar de invertir todos nuestros esfuerzos en la acumulación de riquezas y el éxito, podemos invertir en el crecimiento espiritual y en el servicio a los demás, sabiendo que estas son las cosas que permanecerán para siempre.

Conclusión

La idea de que el cielo y la tierra pasarán nos invita a reflexionar sobre la temporalidad de este mundo y a priorizar las cosas del cielo en lugar de las cosas terrenales. Las palabras de Jesús nos aseguran que, aunque todo lo demás pase, sus palabras y promesas perdurarán eternamente.

La destrucción del mundo por el fuego no debe ser motivo de temor, sino de esperanza, ya que abre la puerta a un nuevo cielo y una nueva tierra en el estado eterno. La promesa de salvación nos asegura que a pesar de los desafíos y dificultades que enfrentamos en este mundo, podemos confiar en que Dios ha preparado un lugar para nosotros en su reino.

Recordemos que este mundo no es nuestro hogar y que debemos vivir como ciudadanos del cielo. Al priorizar las cosas del cielo, encontramos significado y propósito en nuestra relación con Dios y en el servicio a los demás.

En última instancia, el mensaje de que el cielo y la tierra pasarán nos insta a vivir con una mentalidad eterna y a reconocer la transitoriedad de este mundo. Que podamos perseverar en la fe y encontrar consuelo y esperanza en la promesa de un nuevo cielo y una nueva tierra que nos espera en el estado eterno.

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