El significado y papel de los reviles en la Biblia

El significado y papel de los reviles en la Biblia es un tema de gran importancia y relevancia para los creyentes. La Biblia nos enseña sobre el pecado de revilar y nos insta a ser cuidadosos con nuestras palabras, ya que estas revelan el estado de nuestro corazón. El revilador es aquel que utiliza palabras para dañar, insultar o controlar a los demás. En este artículo exploraremos el significado de los reviles en la Biblia, el pecado de revilar, la importancia de nuestras palabras para Dios, el corazón revelado a través de los reviles, el arrepentimiento y el perdón para los reviladores, el propósito de nuestras palabras según la Biblia, la persecución y revilería hacia los seguidores de Jesús, la esperanza y recompensa para los reviliados, y el llamado a no revilar como hijos de Dios.

El significado de los reviles en la Biblia

En la Biblia, el revilador es aquel que utiliza palabras para insultar, difamar o desacreditar a otros. Este término se menciona en varias ocasiones a lo largo de las Escrituras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Un ejemplo de esto se encuentra en 1 Corintios 5:11, donde el apóstol Pablo advierte a los creyentes a no asociarse con aquellos que son reviladores.

El revilador utiliza su lengua como una herramienta para causar daño y destrucción. Sus palabras son venenosas y cargadas de maldad, y su intención es lastimar a los demás. Este comportamiento es contrario a los principios del amor y la bondad que Dios nos enseña en su palabra.

Es importante tener en cuenta que los reviles son una manifestación del pecado en el corazón humano. Jesús nos enseñó que «Del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias» (Mateo 15:19). Por lo tanto, aquellos que revilen revelan la oscuridad que hay en su corazón y serán juzgados por ello.

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El pecado de revilar en la enseñanza bíblica

El revilar es considerado un pecado verbal en la enseñanza bíblica. La Biblia nos advierte sobre los peligros de revilar a otros y nos exhorta a ser cuidadosos con nuestras palabras. En Efesios 4:29, el apóstol Pablo nos dice: «Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes». Esto nos enseña que nuestras palabras deben ser edificantes y llenas de gracia, en lugar de destructivas y malintencionadas.

La enseñanza bíblica también nos insta a guardar nuestros labios. En Proverbios 21:23 leemos: «El que guarda su boca y su lengua, su alma guarda de angustias». Esto significa que debemos ser conscientes de lo que decimos y evitar palabras hirientes o despectivas. Nuestras palabras tienen un impacto en los demás y pueden causar angustia y dolor.

El pecado de revilar también se relaciona con el mandamiento de amar a nuestro prójimo. En Marcos 12:31, Jesús nos enseña: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Revilar a alguien va en contra de este mandamiento, ya que causa daño y no muestra amor ni respeto por el otro.

La importancia de nuestras palabras para Dios

Nuestras palabras son de suma importancia para Dios. En Mateo 12:36-37, Jesús nos advierte: «Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado». Esto nos muestra que nuestras palabras no son insignificantes, sino que seremos juzgados por cada una de ellas.

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Dios se preocupa profundamente por nuestras palabras porque estas reflejan nuestro corazón. En Lucas 6:45, Jesús nos enseña: «El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca». Nuestras palabras revelan lo que hay en nuestro corazón, ya sea amor, bondad, ira o malicia.

Además, nuestras palabras tienen la capacidad de edificar o destruir. En Proverbios 18:21 leemos: «La muerte y la vida están en poder de la lengua; y el que la ama comerá de sus frutos». Esto nos muestra el poder que tenemos en nuestras palabras. Podemos utilizar nuestra lengua para bendición o para maldición, para animar o para desanimar.

Por lo tanto, es importante que cuidemos nuestras palabras y pensemos antes de hablar. Debemos ser conscientes del impacto que nuestras palabras pueden tener en los demás y utilizarlas de manera sabia y amorosa.

El corazón revelado a través de los reviles

Los reviles revelan el estado de nuestro corazón. Como mencionamos anteriormente, nuestras palabras reflejan lo que hay en nuestro corazón. Si alguien revila constantemente, esto revela un corazón lleno de amargura, ira y falta de amor hacia los demás.

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En la Biblia, encontramos ejemplos de reviles y cómo estos revelan el corazón de quienes los pronuncian. En el libro de Job, los amigos de Job lo revilen en su sufrimiento. Esto revela su falta de compasión y empatía hacia él. Del mismo modo, en Mateo 27:39-44, aquellos que crucificaron a Jesús revilaron y se burlaron de él. Esto revela su falta de temor a Dios y su dureza de corazón.

Es importante tener en cuenta que los reviles no solo afectan a quienes los reciben, sino también a quienes los pronuncian. Los reviles amargan el corazón y alimentan la ira y el resentimiento. Proverbios 15:1 nos enseña: «La blanda respuesta quita la ira, mas la palabra áspera hace subir el furor». Si queremos mantener un corazón amoroso y lleno de paz, debemos evitar los reviles y buscar palabras amables y edificantes.

El arrepentimiento y el perdón para los reviladores

Aquellos que revilen a otros tienen la oportunidad de arrepentirse y pedir perdón a Dios y a los afectados por sus palabras. El arrepentimiento implica un cambio de dirección y un reconocimiento del pecado cometido. Debemos confesar nuestros pecados a Dios y buscar su perdón y restauración.

El perdón es un aspecto fundamental del mensaje del evangelio. Jesús nos enseñó a perdonar a los demás justamente como él nos perdonó a nosotros (Efesios 4:32). Si somos revilados, debemos perdonar a quienes nos han ofendido, así como Dios nos perdona a nosotros.

Sin embargo, es importante destacar que el arrepentimiento y el perdón no deben ser tomados a la ligera. El arrepentimiento genuino implica un cambio de actitud y corazón, mientras que el perdón verdadero implica soltar cualquier sentimiento de rencor o venganza. No podemos revilar a los demás y seguir actuando de la misma manera. Debemos buscar la transformación interior y el poder de Dios para cambiar nuestra forma de hablar y tratar a los demás.

El propósito de nuestras palabras según la Biblia

La Biblia nos enseña que nuestras palabras deben ser utilizadas para edificar, animar y bendecir a los demás. En Efesios 4:29 leemos: «Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes». En lugar de utilizar nuestras palabras para revilar o causar daño, debemos buscar la manera de construir y dar gracia a quienes nos rodean.

También se nos anima a hablar la verdad en amor. En Efesios 4:15, el apóstol Pablo nos enseña: «Hablando la verdad en amor, crezcamos en todos los aspectos en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo». Esto significa que nuestras palabras deben ser sinceras y llenas de amor, sin intención de herir a los demás.

En ocasiones, también es necesario confrontar y corregir con amor. En Proverbios 27:6 leemos: «Fieles son las heridas del que ama, pero engañosos los besos del que aborrece». Esto significa que a veces debemos tener conversaciones difíciles, pero siempre con el objetivo de ayudar y corregir, no de revilar o condenar.

Nuestras palabras también deben reflejar la bendición de Dios. En Deuteronomio 28:6, Dios promete a su pueblo: «Bendito serás tú cuando entres, y bendito serás tú cuando salgas». Esto significa que nuestras palabras deben reflejar la bendición y la gracia de Dios, en lugar de la maldición y la maldad.

La persecución y revilería hacia los seguidores de Jesús

La Biblia nos advierte que aquellos que siguen a Jesús pueden esperar ser reviliados y perseguidos por causa de su fe. Jesús mismo fue revilado y se burlaron de él durante su crucifixión. Del mismo modo, los primeros cristianos fueron reviliados y perseguidos por su fe en Jesús.

En Mateo 5:11-12, Jesús nos dice: «Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros». Esta promesa nos muestra que aquellos que son reviliados por causa de Cristo serán recompensados en el cielo.

La revilería y persecución hacia los seguidores de Jesús pueden venir en diferentes formas, como el desprecio, la burla, la exclusión social o incluso la violencia física. Sin embargo, como hijos de Dios, debemos permanecer firmes en nuestra fe y no responder con revilería o venganza.

En lugar de revilar a nuestros perseguidores, Jesús nos enseña a amarlos y orar por ellos. En Mateo 5:44 nos dice: «Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian, y orad por los que os ultrajan y os persiguen». Esto no significa que debamos aceptar el maltrato o la injusticia, pero sí debemos responder con amor y bondad, buscando su transformación y salvación.

La esperanza y recompensa para los reviliados

Aquellos que son reviliados y perseguidos por causa de su fe en Jesús pueden tener la seguridad de que serán recompensados en el cielo. Mateo 5:12 nos dice: «Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros». Esto nos muestra que nuestra recompensa no se encuentra en este mundo, sino en la eternidad.

La Biblia también nos enseña que aquellos que son reviliados por causa de Cristo son bendecidos y reciben la aprobación de Dios. En 1 Pedro 4:14 leemos: «Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros». Esta promesa nos muestra que Dios está con nosotros en medio de la revilería y nos da su gracia para soportar y superar estas pruebas.

Además, la revilería y persecución hacia los seguidores de Jesús no deben desanimarnos, sino recordarnos que estamos en buen compañía. En Mateo 5:11 Jesús nos dice: «Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo». Esta promesa nos muestra que seguimos el camino de aquellos que nos precedieron en la fe, incluyendo a Jesús mismo.

El llamado a no revilar como hijos de Dios

Como hijos de Dios, debemos esforzarnos por no revilar a los demás. En lugar de utilizar nuestras palabras para dañar o controlar a otros, debemos utilizarlas para edificar, animar y bendecir. En Efesios 4:29 leemos: «Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes». Este versículo nos muestra la importancia de cuidar nuestras palabras y utilizarlas para el bien de los demás.

Debemos recordar que nuestras palabras tienen un impacto en los demás. Proverbios 18:21 nos dice: «La muerte y la vida están en poder de la lengua; y el que la ama comerá de sus frutos». Por lo tanto, debemos ser conscientes del poder de nuestras palabras y buscar la forma de utilizarlas para bendición y no para maldición.

Además, como seguidores de Jesús, debemos imitar su ejemplo. Jesús nunca reviló a nadie, incluso cuando fue revilado y perseguido. En 1 Pedro 2:23 leemos: «Cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino que se encomendaba a aquel que juzga justamente». Siguiendo su ejemplo, debemos responder a la revilería con amor y paciencia, buscando el bien de los demás en lugar de la venganza.

El significado y papel de los reviles en la Biblia nos muestran la importancia de nuestras palabras para Dios. El revilar es considerado un pecado verbal y revela lo que hay en nuestro corazón. Nuestras palabras deben ser utilizadas para edificar, animar y bendecir a los demás. Como hijos de Dios, debemos evitar revilar a los demás y buscar el arrepentimiento y el perdón. Aquellos que siguen a Jesús pueden esperar ser reviliados y perseguidos, pero también tienen la esperanza de una gran recompensa en el cielo. Como hijos de Dios, debemos esforzarnos por no revilar y utilizar nuestras palabras para glorificar a Dios y bendecir a los demás.