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La sumisión es un principio clave que se encuentra en la Biblia y que nos enseña la importancia de sujetarnos a la autoridad establecida. A menudo, puede resultar difícil para nuestra naturaleza humana aceptar este concepto, ya que tendemos a buscar nuestra propia autonomía y libertad. Sin embargo, la sumisión es esencial para mantener el orden y el funcionamiento adecuado de la sociedad. En la Biblia encontramos principios claros sobre a quiénes debemos someternos y por qué. En este artículo exploraremos en detalle lo que la Biblia dice acerca de la sumisión y cómo podemos aplicarlo en diferentes aspectos de nuestra vida.
La importancia de la sumisión en la Biblia
La sumisión es un tema recurrente en la Biblia y se presenta como un principio fundamental para el crecimiento espiritual y el bienestar de las personas y de la sociedad en general. La sumisión implica reconocer la autoridad de Dios y rendirse a ella como una demostración de obediencia y humildad. En la Biblia, encontramos pasajes que nos exhortan a someternos a diferentes autoridades, tanto divinas como humanas, ya que esto es un reflejo de nuestra relación con Dios y de su soberanía sobre todas las cosas.
¿A quiénes debemos someternos según la Biblia?
En primer lugar, la Biblia deja claro que debemos someternos a la autoridad de Dios. Él es el Creador y el Sustentador de todo, y como sus criaturas, estamos llamados a reconocer y respetar su autoridad sobre nuestras vidas. En los Salmos 95:6-7 se nos insta a “Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor, porque él es nuestro Dios; nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano”.
Además, la Biblia también nos instruye a someternos a las autoridades humanas establecidas por Dios. Romanos 13:1-2 nos dice: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste…” Esto significa que debemos obedecer a nuestros gobernantes, líderes y supervisores, siempre y cuando sus mandatos no contradigan los principios de Dios.
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La sumisión a la autoridad de Dios
La sumisión a la autoridad de Dios es esencial para nuestra relación con Él y para nuestro crecimiento espiritual. Cuando reconocemos a Dios como nuestro Creador y Señor, estamos admitiendo nuestra dependencia de Él y nuestra necesidad de obedecer su Palabra. La sumisión a la autoridad de Dios implica confiar en su sabiduría y soberanía, y seguir sus mandamientos con humildad y obediencia.
En la Biblia, encontramos numerosos ejemplos de personas que se sometieron a la autoridad de Dios. Abraham demostró sumisión al seguir la instrucción de Dios de dejar su tierra andando hacia una tierra desconocida. Moisés se sometió a la autoridad de Dios al liderar al pueblo de Israel fuera de Egipto. Y Jesús mismo, como veremos más adelante, fue el máximo ejemplo de sumisión al Padre.
Jesús como ejemplo de sumisión
Jesús es el ejemplo supremo de sumisión. Él mismo dijo en Juan 6:38: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”. A través de su vida y su ministerio, Jesús dejó claro que la sumisión a la autoridad de Dios es la clave para una vida de obediencia y servicio.
Jesús se sometió al Padre en todo momento. En el Jardín de Getsemaní, antes de su crucifixión, Jesús oró: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26:39). A pesar de las difíciles circunstancias que enfrentaba, Jesús demostró sumisión al Padre y se sometió a su voluntad.
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Además, Jesús también nos enseñó a someternos a otros. En Mateo 20:26-28, Jesús dijo: “El que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro siervo”. Jesús nos llamó a seguir su ejemplo de humildad y servicio, sometiéndonos unos a otros en amor y sacrificio.
Sometiéndonos a la autoridad humana establecida por Dios
Además de someternos a la autoridad de Dios, la Biblia también nos exhorta a someternos a la autoridad humana establecida por Dios. Romanos 13:1-2 nos enseña que las autoridades gubernamentales han sido puestas por Dios y, por lo tanto, debemos obedecerlas. Esto incluye a nuestros gobernantes, líderes en la iglesia y otros líderes en diferentes ámbitos de la sociedad.
Es importante tener en cuenta que la sumisión a la autoridad humana no significa que debemos seguir ciegamente cualquier mandato o instrucción sin evaluar su conformidad con los principios de Dios. Si alguna autoridad nos pide hacer algo que contradice directamente la voluntad de Dios, debemos estar dispuestos a desobedecer y enfrentar las consecuencias.
La sumisión en el matrimonio
La Biblia también habla claramente sobre la sumisión en el matrimonio. Efesios 5:22-24 nos dice: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia… Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo”. Esta enseñanza ha sido objeto de controversia y malinterpretaciones a lo largo de la historia, pero es importante entenderla a la luz de la totalidad de la Palabra de Dios.
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La sumisión en el matrimonio no implica inferioridad o falta de dignidad para la mujer. Por el contrario, es un llamado a las esposas a tomar un papel de apoyo y respeto hacia sus maridos, reconociendo el liderazgo que Dios ha establecido en el hogar. La sumisión en el matrimonio no es una sumisión ciega o abusiva, sino una sumisión basada en el amor y el respeto mutuo.
Sometiéndonos unos a otros en amor y servicio
La sumisión no es un concepto unilateral, sino que también implica someternos unos a otros en amor y servicio. Efesios 5:21 nos exhorta a “someternos unos a otros en el temor de Dios”. Esto significa que, como creyentes, debemos estar dispuestos a poner las necesidades de los demás por encima de las nuestras, servir a los demás y tratar de vivir en armonía y unidad.
En la vida cotidiana, esto se manifiesta en actos de bondad, respeto y cuidado hacia los demás. Significa que no buscamos nuestro propio interés, sino que consideramos a los demás como más importantes que nosotros mismos. Esto se aplica en nuestras relaciones familiares, en la iglesia y en cualquier contexto en el que interactuemos con otras personas.
La sumisión en el ámbito laboral
La sumisión también es aplicable en el ámbito laboral. Los empleados deben someterse a sus empleadores y cumplir con sus responsabilidades laborales. Esto implica ser diligentes, responsables y respetar las directrices establecidas por el empleador. La Biblia nos exhorta, en Colosenses 3:23, a “trabajar de buena gana, como para el Señor y no para los hombres”. Esto significa que debemos hacer nuestro trabajo con excelencia y dedicación, recordando que en última instancia servimos al Señor.
¿Qué hacer cuando la autoridad viola el orden de Dios?
En ocasiones, nos encontramos en situaciones en las que la autoridad establecida viola los principios y enseñanzas de Dios. ¿Qué debemos hacer en esos casos? En primer lugar, debemos buscar la guía y la sabiduría de Dios a través de la oración y el estudio de su Palabra. Él nos dará discernimiento para saber cuándo debemos seguir obedeciendo y cuándo debemos desobedecer.
En cualquier caso, es importante que nos mantengamos en actitud de respeto y honra hacia la autoridad, incluso cuando debemos tomar una postura diferente. La Biblia nos enseña a expresar nuestro desacuerdo de manera piadosa y respetuosa, sin caer en la rebeldía o en la falta de respeto. Debemos recordar que todo acto de desobediencia debe hacerse con temor y respeto a Dios, y sin causar daño innecesario a los demás.
La sumisión como acto de confianza en Dios
La sumisión a la autoridad, tanto divina como humana, es fundamental para nuestra relación con Dios y nuestro crecimiento espiritual. La sumisión implica confiar en la sabiduría y la bondad de Dios, sabiendo que Él está en control de todas las cosas y que sus planes son perfectos. Al someternos a su autoridad y a la de aquellos que él ha establecido como líderes, estamos demostrando nuestra confianza en su providencia y en su capacidad para cuidar de nosotros en todas las circunstancias.
Al someternos a la autoridad, también estamos liberando el control y la presión sobre nuestras propias vidas. Estamos reconociendo que hay un orden establecido por Dios y que Él tiene un propósito más elevado en todo lo que permite que suceda en nuestras vidas. La sumisión es una muestra de nuestra confianza en Dios y nuestra disposición a seguir su dirección en todas las áreas de nuestra vida.
Cuidando de los demás y honrando a Dios a través de la sumisión
La sumisión también nos permite cuidar de los demás y honrar a Dios en nuestras relaciones y dentro de la sociedad. Al someternos unos a otros en amor y servicio, estamos demostrando el carácter de Cristo y compartiendo su amor con aquellos que nos rodean. Al someternos a la autoridad establecida, estamos manteniendo el orden y promoviendo la paz y la justicia en la sociedad.
Además, la sumisión nos protege de los peligros del egoísmo y la ambición desmedida. Al someternos a la autoridad de Dios y obedecer sus mandamientos, evitamos caer en pecados como la rebelión, el orgullo y la falta de amor hacia los demás. La sumisión nos ayuda a vivir en armonía y unidad con aquellos que nos rodean, y a contribuir positivamente al bienestar de la comunidad en la que vivimos.
Conclusión
La sumisión es un principio clave que se enseña en la Biblia y nos llama a reconocer y respetar la autoridad establecida. A través de la sumisión, demostramos nuestra confianza en Dios y nos sometemos a su voluntad y a la de aquellos que él ha establecido como líderes en nuestras vidas. La sumisión nos permite vivir en armonía y unidad con los demás, cuidar de los demás y honrar a Dios en todas las áreas de nuestra vida. Sigamos el ejemplo de Jesús, quien se sometió al Padre en todo momento, y busquemos ser sumisos unos a otros en amor y servicio.